Crítica especial 20 aniversario de ‘Independence Day’: el espectáculo de la invasión

‘Independence Day’, uno de los grandes ‘blockbusters’ de los 90

La cinefilia evoluciona e implica cambios en la valoración de las películas debido a que en posteriores visionados se aprecian aspectos que entonces no se detectaban, si bien lo que permanece inmutable son los recuerdos que evoca volver a aproximarse a determinada historia. Tenía 12 años cuando asistí al estreno de ‘Independence Day’ (1996), superproducción que disfruté por la premisa de la invasión alienígena, la acción acompañada de los apuntes de humor y la espectacularidad de los efectos visuales, cuyo carácter pionero se ejemplifica en el impacto que causaba el plano de la destrucción de la Casa Blanca. A estos elementos se sumaba otro factor clave: el arrollador carisma de Will Smith, en su etapa de mayor popularidad gracias a ‘El príncipe de Bel-Air’. Después la atracción perdió intensidad y el filme figuraba en la memoria con el temor de que la mirada adulta oscureciera esa sensación.

Cartel de 'Independence Day' (1996), de Roland Emmerich
Cartel de ‘Independence Day’ (1996), de Roland Emmerich

Desde la citada perspectiva, el entusiasmo desaparece, si bien la propuesta de Roland Emmerich (director que a partir de este título orientaría su trayectoria hacia el espectáculo de la destrucción) atesora simpatía y entretiene por la habilidad con la que se integran elementos de la narrativa clásica (perceptibles en el modo de exponer la amenaza), de la ciencia ficción de serie B y apuntes de delirio consciente sobre un fondo de patriotismo estadounidense. El interés que suscita revisar la obra contrasta con la indiferencia que transmite ‘Independence Day. Contraataque’, descafeinada secuela que, como escribí en ‘Heraldo de Aragón’ (crítica publicada en la edición impresa el 2 de julio), al estar mal articulada desaprovecha el poder de sugerencia de las ideas que plantea. Al menos se agradece su evolución argumental y el hecho de que evite acomodarse en la repetición. Su gran problema reside en que la temática y el despliegue visual que conlleva ya no sorprenden al espectador actual a diferencia de lo que ocurría hace dos décadas, circunstancia que revela significativos cambios en el ámbito del ‘blockbuster’.

Las primeras imágenes de la película original aluden a la aventura espacial y la llegada del hombre a la Luna, una manera de contextualizar e indicar la sencillez del logro en comparación con el peligro extraterrestre que aguarda. A su vez, el plano con la bandera estadounidense orienta sobre el subtexto patriótico, manifestado después en el componente militar o en la figura del presidente (Bill Pullman, en su papel más recordado), un expiloto que en la batalla final no duda en liderar el ataque aéreo, señal del compromiso con su nación y punto álgido del delirio del relato. Antes pronuncia una inspiradora arenga en la que aboga por aplicar el espíritu de la celebración del 4 de julio a la defensa mundial contra la invasión, una lucha por el futuro de la humanidad impulsada gracias al liderazgo del país norteamericano.

Posee encanto de serie B que una parte importante de ‘Independence Day’ se desarrolle en el Área 51, lugar clave en el terreno de la conspiración, de ahí que no falten los detalles acerca de investigaciones secretas, autopsias e incluso se incluya la figura del científico ‘loco’ (el doctor Okun que encarna Brent Spiner, por sorpresa presente también en la segunda entrega cuando lo expuesto en 1996 sugería su fallecimiento).

Will Smith y Jeff Goldblum, en 'Independence Day'
Will Smith y Jeff Goldblum, en ‘Independence Day’

El humor reposa en el joven piloto que encarna Smith y en su posterior complicidad con Levinson (Jeff Goldblum, el tercer rostro icónico de la obra) así como en la excéntrica actitud del personaje de Randy Quaid, un alcohólico que combatió en Vietnam y que asegura haber sido víctima de una abducción. Su sacrificio le convierte en el gran héroe, aspecto que desliza cierta ironía.

Lo mejor: su habilidad para promover el entretenimiento a través del espectáculo visual y la acción sustentadas en la serie B.

Lo peor: recordar que han pasado dos décadas desde su estreno.

Nota: 6,5/10.

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